Deteniendo un delito ambiental capital: la rana nodriza confusa y el futuro de Íntag

Carlos Zorrilla

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Foto: Luis Coloma, Centro Jambatu

A primera vista, la rana nodriza confusa , de color verde oscuro, no es tan atractiva como la rana arlequín hocicuda. Ambos anfibios se encuentran en un espacio reducido de bosque en la zona de Íntag, Ecuador; no existen en ningún otro sitio del planeta. El descubrimiento de la rana arlequín, en 2016, fue una gran sorpresa puesto que nadie lo había visto desde 1989 (sigue constando en la lista de especies extintas de la UICN). No obstante, se sabe bastante de la rana. Al ser una especie endémica a una zona hoy en día amenazada por un proyecto minero cuprífero a gran escala, la arlequín comparte el potencial destino de la más rara rana nodriza confusa, redescubierta en agosto de 2019. El hallazgo, por el Centro Jambatu del Ecuador, es tan reciente que todavía no se ha publicado nada en las revistas especializadas.*

Eso de “confuso” en su nombre puede dar lugar a equívocos. No es la rana la confundida, sino los taxonomistas quienes, durante años, la confundieron con una rana de otro género. Una cosa que le hace que este anfibio sea tan especial es que es la única especie del género Ectopoglossus en Ecuador. Se sabe muy poco de esta rana pequeña, que mide tan solo 2,4 centímetros. Haga una búsqueda en Internet de Ectopoglossus confusus y tendrá resultados que son más o menos la séptima parte de los que existen para la rara arlequín hocicuda. La rana confusa es tan rara que hay una ausencia total de información en la Lista Roja de la UICN. Lo que parece indicar que, en algún momento, el mundo tiró la toalla en cuanto a la búsqueda de ejemplares de la especie. Pero ahora, ya que se ha resucitado de la extinción, igual como la arlequín hocicuda, el anfibio está mortalmente amenazado por un proyecto minero en proceso de ser desarrollado por la Codelco de Chile, la principal productora de cobre del mundo, en consorcio con la Enami, la minera estatal de Ecuador.

Una cosa que distingue a las dos especies, aparte de su apariencia, es que si la especie confusus se extingue, también se extingue el género. Lo cual es una tragedia si eres un biólogo, un ecólogo o una persona pensante. Esto no es el caso del género Atelopus, que cuenta con muchas especies en Ecuador.

Se encontraron ambas ranas dentro de la concesión minera Llurimagua, ubicada en las estribaciones húmedas, pendientes y biodiversas de la cordillera Toisán. Para tener una pequeña idea de la biodiversidad de esta zona montañosa de bosques nublados, después de tan solo unos pocos días de investigación, un equipo de biólogos contratados por las empresas mineras descubrió 22 especies de animales en proceso de extinción; tres de estas se encuentran críticamente amenazadas: un mono araña, una rana de vidrio y una especie rara de bagre. Sus hallazgos no incluyeron la arlequín hocicuda y tampoco la rana nodriza confusa, a pesar de encontrarse en la misma concesión minera. Los investigadores tampoco incluyeron otras especies que habitan estos bosques; estas incluyen el Oso Andino, el puma y varias especies de aves y otros mamíferos. Milagrosamente, durante la investigación no reportaron ninguna planta amenazadas por la extinción, pese a que estos bosques tienen decenas de especies de árboles y otras plantas en las listas rojas, especialmente las orquídeas. Una investigación más completa por un equipo internacional de biólogos, en 2018, encontró casi 300 especies en estos bosques y otros cercanos.

Cualquier persona racional pensaría que es una locura abrir una mina de cobre a gran escala aquí. Y no solo debido a las especies en peligro, pero también debido a los riesgos inherentes en el sitio. Estos incluyen: las altas tasas de precipitación (2 a 4 metros de lluvia), la topografía extremadamente accidentada, los ríos y riachuelos pristinos, los bosques primarios y el riesgo comprobado de terremotos. Añada a estos el hecho de que la mena contiene elementos tóxicos que incluyen plomo, arsénico, cromo y cadmio y tiene los ingredientes para una catástrofe ambiental de clase mundial.

Y por más sombríos que sean estos factores, existen muchísimas razonas más que hacen de la minería una actividad especialmente destructiva en Íntag.

Una mina de cobre a cielo abierto sería lo peor imaginable para uno de los ecosistemas más amenazados y más bellos de la Tierra; un ecosistema mucho más amenazado que la gran mayoría de los ecosistemas amazónicos. Aparte de su impresionante belleza e increíble diversidad biológica, las altas cuencas de los Andes, donde, desgraciadamente, se encuentra la mayoría de las concesiones mineras en Ecuador, juegan un papel crucial en la protección de fuentes de agua y la prevención de inundaciones. Además, proveen de agua potable segura a millones de ecuatorianos. Puesto que es imposible evitar que una mina a gran escala contamine fuentes de agua, la extinción de la rana en su hábitat natural está garantizada. Este escenario es doblemente trágico puesto que la zona es un destino idoneo para el ecoturismo, sobre todo, para los fanáticos de aves y orquídeas. Si esto no fuera suficiente, grandes cantidades de aguas termales subterráneas fueron descubiertas durante la exploración minera.

Afortunadamente, aún no se ha abierto la mina. Pero no ha sido por falta de intentos. Las comunidades y organizaciones inteñas han obstaculizado el desarrollo de la mina desde 1995, el año en que se inició la oposición a la minería. Dos transnacionales mineras han sido obligadas a abandonar la zona debido a la resistencia y, después de casi 25 años, las comunidades siguen resistiendo.

Codelco, la minera que financia la exploración y los impactos, está en espera de que el Ministerio del Medio Ambiente le apruebe su estudio de impacto ambiental para continuar con la exploración en una nueva área de bosque. El estudio es muy pobre, caracterizado por la omisión de la información requerida para tomar decisiones inteligentes sobre los impactos potenciales de perforar 160 nuevos pozos en bosques primarios y secundarios. Las graves deficiencias, sin embargo, no resultaron una barrera a la aprobación del primer estudio por el mismo ministerio hace cinco años, un estudio criticado por su falta de fiabilidad, múltiples errores y omisiones, identificados por el Controlador General del Estado en un informe histórico emitido en marzo de 2019. Hoy en día, el Ministerio del Ambiente no es más que un animador de la agenda pro-minera del gobierno. Dicha agenda se puede resumir en las palabras del vicepresidente del Ecuador quien, en meses anteriores, afirmó que “donde haya minerales habrá minería”. En otras palabras, los derechos humanos y de la naturaleza, las leyes y la Constitución del país, y las alternativas más inteligentes y sustentables no cuentan entre las prioridades del país, ni de lejos. La minería se impone sobre éstos. Situación que provoca una pregunta: ¿Qué es lo que las empresas mineras tuvieron que hacer para lograr este tipo de apoyo?

Por el momento el proyecto está en espera. Después de destruir 700 hectáreas de bosque, parte de una iniciativa de ecoturismo comunitario, Codelco terminó la primera fase de exploración hace unos 10 meses. Pero no ha podido continuar con la exploración debido, en parte, a la impugnación que presentaron a su nuevo estudio de impacto ambintal la sociedad civil, y también debido a la creciente resistencia a la minería en Íntag e, inclsuo, en todo el país. Algo de dicha resistencia se pudo apreciar el 20 de septiembre, cuando más de 1500 moradores de toda la zona de Íntag participaron en una asamblea anti minera y aprobaron la resolución que exige que todas las empresas mineras abandonen Íntag dentro de 60 días. Estas incluyen no solo Codelco sino también la BHP australiana y la Cornerstone canadiense. Juntas, estas empresas tienen en concesiones mineras miles de hectáreas que cubren más del 80% de las tierras forestales y agrícolas inteñas, además de micro cuencas y comunidades enteras.

Podría darse o no la expulsión de las empresas dentro de los 60 días mencionados. Pero esto no es el asunto principal. Esto se trata de que está claro que la mayoría de la población inteña no quiere la minería y que las empresas no pueden seguir mintiendo a sus accionistas sobre el apoyo que existe, y tampoco pueden seguir mintiendo a los gobiernos. Y es que cada día se les hace más difícil esconder el hecho de que sus proyectos podrían llevar a la extinción a decenas de especies de animales y plantas. Sí, las empresas mineras pueden seguir comprando firmas y aparente apoyo, pero más temprano que tarde serán desenmascarados y la verdad saldrá a la luz del día, tal como pasó el 20 de septiembre.

Estamos conscientes de que las empresas mineras son muchos más poderosas que las organizaciones de la sociedad civil y las comunidades. Las mineras tienen acceso al gobierno y cuentan con su apoyo total. Y puede ser que las especies que enfrentan la extinción no tengan una voz en este escenario, a pesar de que la Constitución del Ecuador garantiza los derechos de la Naturaleza. Pero es la gente en cuyas manos está el poder. Son, después de todo, sus fincas, sus modos de vida, su futuro que está en juego. En otras palabras, su derecho de decidir lo que será mejor para ellos mismo, sus comunidades y su medio ambiente. También depende de ellos decidir la clase de mundo que quieren dejar a sus hijos y sus nietos.

Una razón clave por la destrucción diaria de lugares y especies como las de Íntag, y por la violación de los derechos de sus habitantes, se debe a la falta de información. Estos bosques no pueden salvarse a sí mismos.

*El autor es miembro de la DECOIN y vive en la zona de Íntag.

**Comunicación personal del Centro Jambatu

Para más información, visite www.decoin.org https://livingplanetalliance.org/sponsored-projects

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